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Nuevos aspectos de un problema antiguo: Sociedades interpuestas.

sociedad interpuesta

Uno de los problemas clásicos de la hacienda pública es el doble gravamen que produce el impuesto sobre sociedades al hacer tributar la renta en sede de la sociedad y más tarde en el socio cuando le son transferidos los beneficios.

En España hubo diversas fórmulas en el IRPF para eliminar o paliar el problema. Durante muchos años los dividendos tributaban por el 140 % de su valor con una deducción del 40 %. Esta fórmula desapareció, y en la penúltima reforma, como vestigio, quedó una exención de 1.500 euros que podría tener alguna relación lejana con este tema. En la última también ha desaparecido. Quizá porque el doble gravamen pasó de considerarse un problema a una gran idea.

Así, un beneficio de 100 tributa en el impuesto sobre sociedades (pongamos el al 30 %) y los 70 restantes, pongamos que al 21 % en el IRPF. O sea un 45 %, más o menos.

Contadas así las cosas, un buen remedio casero parece evitar la segunda parte de la ecuación; es decir, evitar el gravamen en IRPF no repartiendo los dividendos.

Para un profesional que tribute en los tipos más altos del IRPF (en torno al 50 % según comunidades y años)  puede parecer una buena idea constituir una sociedad para canalizar los ingresos de su actividad, retirar de la misma lo necesario para sus gastos corrientes, y dejar el resto en la sociedad con idea de beneficiarse del tipo fijo más bajo.

Esta ocurrencia no ha pasado desapercibida a la Administración tributaria que ha recurrido a la artillería pesada (principio de calificación, simulación, levantamiento del velo…) para, digámoslo de forma  elegante, cepillarse estos esquemas.

Como la mente humana tiende a simplificar, lo primero ha sido bautizar el fenómeno con el  bonito apelativo de “sociedades interpuestas”. Lo siguiente, dado el entusiasmo con que suelen acogerse estas ideas con buen resultado recaudatorio ha sido ver sociedades interpuestas hasta en la sopa.

La conclusión práctica, son dos. Primero que la dicha idea de la sociedad, no es tan buena idea. Y segundo, que cuando a la Administración le da por disparar al pianista, cuanto más lejos, mejor.

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