Lo que aprendimos declarando.

Acabamos de atravesar dos meses en los que las declaraciones de IRPF y el Impuesto sobre Sociedades, en mayor o menor medida, según las circunstancias de cada uno, han ocupado tiempo, requerido esfuerzos y causado sobresaltos. Sin embargo, también han servido para detectar los temas que preocupan a la Administración, y de rebote, a todos.

En el IRPF, se consolida la obsesión por tener emparejados obligados y domicilios, o lo que viene a ser lo mismo DNI y referencias catastrales. Este empeño hubiese sido más sencillo en una sociedad más estática, hace, pongamos por caso, treinta años. A día de hoy, con un mercado de vivienda más revuelto, roza lo heroico, sobre todo cuando hay que explicar el vínculo que justifica la presencia de uno en su domicilio. Afortunadamente se mantiene la opción “Otros” sin necesidad hoy por hoy de dar detalles que, posiblemente, atentarían contra la intimidad.

Bordea también respeto a la esfera íntima la cantidad de explicaciones que hay que dar con respecto a hijos, paternidades, relaciones familiares y con quien pasa nochevieja la abuela. El IRPF hereda una regulación basada en un concepto de familia tradicional. Esta regulación ha tenido que adaptarse a la realidad a golpes, muchas veces de consultas, lo que tiende a generar una casuística interminable.

Otro filoncillo de liquidaciones provisionales ha sido la amortización de inmuebles arrendados, especialmente en el caso de los adquiridos por herencia. ¿Costaron o no costaron? Los años de desvelo y amor a los mayores no se considera respuesta válida.

En el Impuesto sobre Sociedades la obsesión que se consolida se podría llamar: participaciones dividendos y deterioros. No solo se pide más información, sino que se le hace más caso.

Otro foco de atención son las diferencias temporales y su presumible reversión. En unión a las bases negativas y deducciones pendientes hacen de algunas declaraciones un cursillo de historia.

Este mismo camino llevan las secuelas de la limitación a la deducción de intereses. Los no deducidos y las sobras de resultado operativo generan bonitas listas de importes pendientes quien sabe si, algún día, susceptibles de generar sustanciosas sanciones por nada, como ya pasó con las bases negativas.

No se puede cerrar esta relación sin un recuerdo para las declaraciones individuales distópicas de las sociedades que tributan en consolidación, sí, pero solo después de haber examinado de forma prolija como hubiese sido la imaginaria declaración sin grupo. Dos vueltas más a la tuerca y a ver quién distingue realidad y fantasía.

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