La clave para pagar menos IRPF (sin volverse loco)
Si hay algo que suele generar dudas cada campaña de la renta es esto de las reducciones y las deducciones en el IRPF. Suenan parecido, pero no son lo mismo… y entender bien la diferencia puede marcar bastante la factura final con Hacienda
Primero se aplican las reducciones, luego las deducciones. Vamos al grano.
Las reducciones actúan antes de que se calcule el impuesto. Es decir, bajan la base sobre la que se aplica el tipo. ¿Traducción sencilla? Haces que “tu renta parezca menor” a ojos de Hacienda. Un ejemplo muy típico es el de las aportaciones a planes de pensiones. Si ganas 40.000 € y aportas 1.500 €, tributarías como si hubieras ganado 38.500 €. Fácil.
También entran aquí situaciones personales, como las pensiones compensatorias al cónyuge, que reducen directamente la base imponible.
Cuanto mayor sea tu tipo de IRPF, más te interesa reducir la base.
Por otro lado, están las deducciones, que juegan en otra liga: se aplican después, directamente sobre lo que tienes que pagar. Aquí el efecto es más visible porque recortan el impuesto “final”.
Un clásico: los donativos. Si donas 300 €, puedes deducirte hasta un 80 % en ciertos tramos iniciales, lo cual es bastante potente. También hay deducciones por vivienda habitual (para quienes aún tienen derecho) o las famosas deducciones autonómicas: hijos, alquiler, educación… depende mucho de en qué comunidad vivas.
Las deducciones son más claras, pues te reducen directamente la factura fiscal, tengas el nivel de renta que tengas.
Entonces, ¿qué es mejor?
Pues depende. Las reducciones benefician más a quienes tienen ingresos altos, porque al bajar la base se ahorran más por su tipo marginal. En cambio, las deducciones son más directas, ya que reducen el importe a pagar sin depender tanto del nivel de renta.
En la práctica, lo interesante es combinar ambas bien. No se trata solo de declarar, sino de planificar. Y ahí es donde muchas veces está la diferencia entre pagar lo justo… o pagar de más.
