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Inflación: tres preguntas y cuatro consejos.

Es el ogro del verano. Hay que temerlo, aunque no se sepa muy bien por qué. El miedo guarda la viña, pero más allá de cuentos, no hará daño un enfoque más racional. ¿De qué estamos hablando? Inflación significa aumento de precios. Si, pero ¿de qué precios? ¿De mis ventas? Buena noticia ¿De mis compras? Mal asunto.

Lo peor es que luego, todo se convierte en estadística y los detalles se pierden; todo se concentra en un porcentaje. El promedio de diez y seis puede ser ocho: Si mis ingresos crecen al diez y mis costes al seis, fantástico. Si es al revés, ocho quiere decir: hasta luego Lucas.

Esto es lo primero a tener en cuenta; como se mueven los precios de lo que vendo y lo que compro. A la larga se mueve todo, pero no por igual ni con los mismos efectos  ¿qué le pasará a mi margen?

La segunda pregunta es ¿Cuánto se puede aguantar? ¿Y en qué condiciones? Esto no es tan sencillo como bajarse el autobús. Más se parece a un tren a toda marcha. La solución no es ignorarlo, sino calcular y tratar de controlar.

La tercera ¿Qué posibilidades tengo de intervenir? ¿Puedo mover mis precios? ¿Venderé menos si los aumento? ¿Puedo contener mis costes? ¿Hay alternativas; otros proveedores, otros productos?

Y esto lleva, por asociación a la forma de producir de cada empresa.

En muchas actividades un factor de coste esencial es el trabajo. En la teoría es un factor variable. En la práctica, con los contratos perpetuos como fórmula general, es un coste fijo. En situaciones de incertidumbre no es recomendable incrementar los costes fijos

Atención a la financiación. Venimos de una etapa de intereses bajos o nulos. Lo normal es que los tipos nominales se acerquen al nivel de la inflación. Eso significa que la financiación es un coste a considerar. Al mismo tiempo significa que las deudas nominales se erosionan. Esto los saben bien quienes compraron vivienda en los años 70 u 80.

Hay que vigilar los plazos de cobro y la morosidad. En tiempos revueltos, los márgenes se estrechan y es posible que no llegue para todos; Hacienda y Seguridad social se “autotutelan” que es una forma fina de decir que tienen el garrote por la empuñadura. Los acreedores fuertes tienen sus procedimientos. Si no eres institución, banco o similar tienes papeletas para ser último mono.

Y un consejo que resume todos los anteriores. Esto se mueve, y se acaban las referencias fijas. Hay que ver hacía dónde. Hoy, ya es ayer.

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